El sistema antipánico más extremo de la historia de los CPD
Hoy los centros de cómputos tienen sprinklers de agua. Agua. Sobre servidores. ¿Agua sobre servidores? Los diseñadores modernos están locos.
Nosotros teníamos HALON.
Halon era un gas que quitaba el oxígeno. El fuego se apagaba porque no podía respirar. Pero usted tampoco.
Si sonaba la alarma:
- El CPD se presurizaba (las puertas se sellaban herméticamente).
- De las bocas de ventilación salía Halon (invisible, silencioso, mortal).
- Usted tenía entre 30 segundos y 2 minutos para ponerse la máscara.
- Esperaba. Sin ver el fuego. Sin saber si se apagaba. Sin saber si la máscara funcionaba.
- Cuando el fuego se apagaba (o eso creía), despresurizaban.
- Y entonces podía abrir la PUERTA COFRE.
La puerta cofre no era una puerta normal. Era una escotilla estanca. Como la de un submarino. Con un volante. Como las de las películas de la Guerra Fría.
LA MÁSCARA EN LAS COLUMNAS
«en las columnas había una máscara»
Sí. Junto a cada puesto. Colgada en una columna. O en una caja roja en la pared.
Yo las recuerdo. Eran máscaras de goma negra. Con filtros. Con visor de plástico. Con una funda que decía «HALON – USAR EN EMERGENCIA».
Nadie las probaba. Nadie sabía si funcionaban. Nadie quería saberlo.
Pero ahí estaban. Como un recordatorio de que el CPD podía matarte. O salvar los datos. O ambas cosas.
LA PUERTA COFRE: la última frontera
La puerta cofre no era una puerta. Era una barrera psicológica.
Para salir del CPD en caso de incendio, usted no empujaba. Giraba.
Un volante grande. De metal. Duro. Como el de una cámara acorazada.
«Grrrrrr… clunk… GRRRRRR… POP»
La puerta se abría lentamente. El aire del exterior entraba en el CPD. Usted salía tosiendo (aunque no hubiera humo, solo Halon).
Y detrás de usted, el robot de cintas seguía funcionando. Porque el Halon lo había salvado. Porque el fuego no había llegado a los carretes. Porque usted se había jugado la vida por los datos.
LO QUE NINGÚN JUNIOR ENTENDERÁ NUNCA
Hoy, si hay un incendio en un centro de cómputos, la gente sale corriendo. Los datos se recuperan de la nube. Los servidores se apagan solos.
Nosotros no.
Nosotros nos poníamos una máscara. Esperábamos a que el gas matara el fuego. Y aguantábamos. Porque los datos no podían perderse. Porque el backup estaba en cintas que había que cambiar. Porque éramos los dueños del sistema.
